Aunque utilizamos la Luz Pulsada Intensa o mejor dicho AFT principalmente en tratamientos de rejuvenecimiento facial, en fotodepilación nos permite tratar casos que derivaríamos a depilación eléctrica (que sigue siendo un tratamiento a tener muy en cuenta).
Su aporte principal consiste en que permite trabajar con longitudes de onda distintas y poder atacar vello fino facial que no sea de nacimiento profundo. Además, así como hace unos años no incorporaban sistemas de enfriamiento por contacto y el uso de las lentes utilizadas como filtros de corte era bastante latoso, hoy en día ya están superadas todas esas pegas.
El protocolo de tratamiento no varía respecto a las otras fuentes lumínicas y es el tipo de piel, la zona a tratar y el tipo de pelo el que influye a la hora de decidir por uno u otro.
Como en los demás métodos de fotodepilación, las expectativas de duración del efecto dependen de la zona tratada, de patologías asociadas y de si el vello tratado tiene una influencia hormonal. Es habitual tener que realizar sesiones de mantenimiento en el vello facial en mujeres, que se fortalece en la menopausia, o en las espaldas de los hombres que también se fortalecen con los años, aunque no se hayan sometido a ningún tratamiento.